La navidad evoca la miseria de los pobres

[escapa del consumismo]

No es nuestra intención, como pueden pensar algunos, fastidiar la ilusión de los niños y la magia de la navidad pareciendo unos anarquistas amargados. Aunque, como materialistas, que no consumistas, en parte sí. Queremos argumentar por qué la navidad tiene un fondo pernicioso, solo relacionado con la fiebre de consumo del mercado capitalista, y sostenido a través de la mitología cristiana. Para ello, vamos a utilizar un pasaje de la Biblia:

12 Entró Jesús en el Templo y echó fuera a todos los que vendían y compraban en él; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas. 13 Y les dijo: «Está escrito: Mi Casa será llamada Casa de oración. ¡Pero vosotros estáis haciendo de ella una cueva de bandidos!»
(Mateo 21.12-13; Marcos 11.15-18; Lucas 19.45-46)

Estos pasajes de la Biblia narran cómo Jesús expulsa a los mercaderes que realizan intercambios comerciales en un templo de culto. Por supuesto, el Corte Inglés no es una iglesia. Pero en el trasfondo de la navidad no se encuentra la fiesta del consumo y el despilfarro: se celebra la encarnación del dios hebreo en persona. Esta celebración la llevan a cabo en la mayor parte de Occidente la Iglesia Católica en su totalidad, diversas iglesias ortodoxas, la Iglesia Anglicana y diversas comunidades protestantes; aunque algunas de estas últimas de forma diferenciada a como lo hacen los católicos. Otras iglesias como los Testigos de Jehová no celebran la navidad por considerarla una festividad pagana no adscrita en la Biblia. Pero no es nuestra intención en este escrito hablar de la historia de la navidad o de las interpretaciones de las distintas iglesias cristianas. También pedimos disculpas por romper algún corazón del que crea que su Dios nació en Burgos o que es español.
Jesús, como hemos visto anteriormente, expulsó del templo a aquellos que quisieron mercantilizar el culto. Sin embargo, la navidad ahora es la más alta expresión de la mercantilización religiosa y la exaltación de estatus y riqueza. Justo lo contrario de lo que predica el libro sagrado de los cristianos o las distintas iglesias. Es por ello nuestro objetivo mostrar el negocio que el capitalismo crea a partir de la fe de los cristianos y la inocencia del resto. Desde el regalo hasta lo que se esconde detrás de los productos.

El regalo navideño

Nosotros no estamos en contra del regalo, pero sí de vernos forzados a regalar a través de la presión que ejerce el capitalismo y de la visión del consumo desproporcionado que se fomenta en las sociedades occidentales con la desvirtuación del ritual navideño de trasfondo.
El objetivo del regalo entre familiares o amigos es reforzar la interdependencia. En el ambiente laboral, puede interpretarse como una forma de dar un carácter más humano y cálido a las relaciones sociales jerárquicas y denigrantes que el trabajo asalariado nos aporta.

Es la estimulación y la presión por el bombardeo masivo de la publicidad en la televisión, la radio, los paneles publicitarios, lo que nos influye y obliga al consumo masivo. Y son las grandes marcas, las que marcan la tendencia en cada momento, las mayores interesadas y las que más invierten en publicidad para que se adquieran sus productos y se puedan vender por mucho más dinero. Este consumo busca que el cliente pueda mostrar a las personas cercanas a él su estatus y prestigio, sea el de aquel que vive del trabajo ajeno, sea el del pobre currito que necesita hacer creer que no es pobre. Es así que hasta algo tan absurdo como el papel del envoltorio cobra una enorme importancia.
En la mayor parte de los casos, la utilidad del regalo es efímera, nula, o este acaba en la basura. Este hecho no lleva en ningún caso al refuerzo, sino que fuerza el individualismo. Frente al debilitamiento de las vinculaciones y los compromisos de las personas en las relaciones, se refuerza el papel otorgado a los productos, induciendo a la distancia y el desapego en la relación social.

El “privilegio” de los niños en la navidad

Los actores “privilegiados” en la navidad suelen ser los niños, a los que se les dirige un discurso legitimador fundamentalmente gráfico, oral y escrito sobre determinadas figuras legendarias: en los países anglosajones nos encontramos a Santa Claus, la bruja Befana en Italia o los Reyes Magos en España u Olentzero en Euskadi. A destacar la imagen de Santa Claus o Papa Noel como el mayor emblema que existe de la navidad por la globalización. Este personaje bonachón, laico, de barba blanca y vestido rojo es una elaboración publicitaria de Coca Cola. Y este es el mejor ejemplo de cómo la presión publicitaria de las grandes multinacionales orientadas al consumo desmedido, ha calado a nivel cultural tanto durante estas fechas como el resto del año.
Todas estas imágenes evocan supuestamente la ilusión de los niños, para que el día de la navidad o el día de la epifanía, encuentren regalos. Pero para que estos seres espirituales tengan en buena cuenta las peticiones de los niños, tienen que haberse comportado bien durante todo el año. Esto significa, por supuesto, la asimilación absoluta de las normas sociales que corresponden a su estatus social. Queremos decir con esto, que a un niño de clase obrera y humilde se le impone constantemente las estratificación, la jerarquización y la obediencia a la disciplina sumisa del marco normativo.
La realidad de este “privilegio” en relación a los niños no es otro que un contrato sobre la moralidad, cuyos mediadores y gestores son los padres, los cuales buscan mantener las virtudes de la inocencia y la pureza del niño.

La miseria y la explotación de los pobres para alimentar nuestra vanidad

En la sociedad clasista en la que vivimos, las clases sociales siguen teniendo un papel fundamental, no solo en Europa o Norteamérica, sino también en el resto del mundo. Así, todos los productos que se nos incita a adquirir y regalar están hechos en países con una elevada tasa de pobreza. La empresa Inditex fabrica la mayor parte de su ropa en Asia, utilizando manos de niños que cosen en industrias que forman parte del amplio tejido de subcontratas que dependen de esta marca; sin mencionar la explotación laboral y las humillaciones a la que son sometidos los trabajadores en los países en los que se venden sus productos.
Adidas es otro de tantos ejemplos donde la explotación laboral de niños y adultos está a la orden del día, y que se las ha tenido que ver con movilizaciones de trabajadores en países como Vietnam o Indonesia.
La miseria no es solo monopolio de las multinacionales de la industria textil. Otro desagradable ejemplo lo tenemos en la industria tecnológica. Un informe de la BBC sacó a la luz la explotación en la que viven los trabajadores de las fábricas de Apple en China. Jornadas laborales de 18 días seguidos sin descansos, pésimas condiciones de trabajo, salarios irrisorios, suicidios etc. Y además de Apple, se han destapado otros casos de IBM, Microsoft, Dell, Lenovo y HP.
A las multinacionales les viene de lujo que existan estados en los cuales los trabajadores no tengan garantías ni libertades, para así abaratar la mano de obra e inflar el precio de los productos en Occidente.
Las exportaciones de materias primas desde África son otro ejemplo. Un continente plagado de miseria y guerras “civiles” cuyo único objetivo es saquear recursos naturales como el oro, diamante, coltán (básico para ordenadores y móviles), petróleo, etc. Estos son los motivos de las violentas guerras que se viven en estos países y son promovidas por las grandes empresas transnacionales para desestabilizar comunidades, regiones, países, y seguir así manteniendo en la miseria a miles de personas.

Parecería ahora absurdo tener que hablar de las políticas laborales en España, pero no es menos importante donde nos ha tocado vivir. El desmantelamiento de la industria para su deslocalización ha destruido miles de puestos de trabajo y ha convertido el país en dependiente del sector servicios. Las diversas reformas laborales promovidas por la patronal, los sindicatos CCOO y UGT, y los diversos gobiernos de PSOE y PP, así como el desmantela-miento de la industria, han conseguido que la precariedad laboral esté a la orden del día. La temporalidad y la diversidad de contratos precarios hacen que el trabajador no tenga manera de defenderse de los abusos patronales, y que contratar y despedir al personal por parte de los empresarios sea una cuestión instantánea según su capricho y rentabilidad. Las tasas de paro siguen siendo altísimas, con un porcentaje oficial del 21,6 % de la población en situación de desempleo. La docilidad de los trabajadores y el miedo al despido por estar anclados en el eterno desempleo, hace que vivamos en el terror y la ansiedad constantes, sin saber si podremos sustentarnos al día siguiente ni tener un futuro claro. El salario mínimo interprofesional es uno de los más bajos de Europa, por lo que llegar a fin de mes para muchísimas personas se convierte en imposible.
En este par de meses son contratados centenares de trabajadores que realizaran su labor durante interminables jornadas diarias por un sueldo irrisorio y sin posibilidad de continuar desempeñando la labor profesional una vez pasado ese tiempo. Hablamos de los cajeros, dependientes, mozos de almacén, reponedores, camareros y todos aquellos que son contratados en navidad, que son utilizados tanto para beneficio empresarial como para beneficio del Estado al colgarse su medalla en la “lucha contra el desempleo”.

Indudablemente, no puede haber reconciliación entre el proletariado, irritado y hambriento (…), y el mundo ilustrado y educado de las clases privilegiadas que defienden con desesperado vigor el régimen político, jurídico, metafísico, teológico y militar como última fortaleza en la custodia del precioso privilegio de la explotación económica. Entre estos dos mundos, entre el sencillo pueblo trabajador y la sociedad educada (que combina en sí misma, como sabemos, todas las excelencias, bellezas y virtudes) no hay reconciliación posible.
Mijail Bakunin

A modo de conclusión:

La adquisición de productos es necesaria para vivir con dignidad (ropa, alimentos, vivienda, etc.). Vivir en una cueva aislados de los seres humanos siempre ha sido más de devoción de santos por parte de los cristianos que de los anarquistas. Tenemos que ser conscientes y escapar de la vorágine consumista con la que somos bombardeados constantemente. El origen de todos los productos que compramos dentro de la burbuja de luces y villancicos, no es otro que el sudor y la sangre de millones de personas que son explotadas salvajemente por una miseria para alimentar nuestra vanidad.
Los productos que se adquieren no nacen en las estanterías de los hipermercados, sino que son manejados, procesados, y trasladados por trabajadores, y no por los empresarios, que son los que disfrutan del fruto del trabajo ajeno. La autoorganización de los trabajadores, la solidaridad, la dignidad y la autogestión de nuestro trabajo son la única clave para superar el capitalismo y todos los estamentos que dividen al ser humano.

Escapa del consumismo
Hacia la autogestión

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